Como otro Sábado cualquiera, caminábamos hacia el local al que solíamos frecuentar a tomar unas cervezas. Debido a la aglomeración y esa sensación que sientes cuando ves que no te queda mucho tiempo más en ese lugar, decidimos cambiar de sitio.
De camino le dije: Si alguna vez le ves, preséntamelo, siento curiosidad.
Un Gintónic porfavor. Seguidamente nos sentamos en la mesa de al lado de la ventana. Mientras conversávamos, giró la cabeza y me dijo: ¡Mira, ahí está!.
Sintió nervios, se sonrojó, verguenza...
Y dados los tiempos que corren, déjenme contarles que el tabaco es un gran agente de socialización y ahí empezó todo...
Desde tiempos de Dalí jamás pensé que el surrealismo podía estar tan presente. Y es que querido lector/a pasar una noche con Darth Vader, la Princesa Leia, dos Antonio Machín a ritmo de Caribe Mix, él, y esos ojos,no tiene precio.
Gracias por los Gintonics, el sofá, por la manta, por las sonrisas, por esa mirada . . .
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