lunes, 5 de marzo de 2012

Taker en los labios . . .*

Hoy escribo de forma inusual, diferente. Sobre papel y bolígrafo mientras estoy tomándome un par de cervezas con dos amigos. Suena Fito de fondo y he decidido regalaros un pedacito del relato del fin de semana que me contó Daniela.
Pues bien, mi amiga me llamó y me dijo:
- ¿ Puedo ir a tu casa?. Verás tengo que contarte algo.
A lo que yo respondí:
-Faltaría más, mi casa es tu casa.
Así pues, abrí una botella de vino y a ritmo de cannabis me dejé llevar por el relato.

"Querida amiga, he llegado a la conclusión que los besos sólo se deben dar los fines de semana y... ¿Sabes porqué?, porqué si los das entre semana és como si te hicieras un tatuaje,sí sí, como lo oyes. Un tatuaje hecho con taker y como bien sabes, eso no es bien.
¿ Cómo te quitas el taker de los labios?, ¿Con alcohol?. Pues ponme una copa, que aún voy serena. Eso sí, de lo más fuerte que tengas. Y así empieza todo...
Empiezas por besarte un sábado y esos besos se vuelven tan adictos como los donetes y luego quieres estar comiendo donetes todo el santo día. Y con eso sólo logras una cosa: que se te piquen los dientes.
Mi madre siempre me dice que debo aprender a dosificar los donetes, que puedo hacerlo a pesar de lo extremista que soy. Pero ya sabes que soy demasiado caprichosa y los quiero a todas horas y... ¿Qué pasa luego?, que me empacho de ellos, los acabo aburreciendo y me olvido de ellos. Es más hasta los acabo sustituyendo por una Pantera Rosa.
Y eso es lo que pasa exactamente si regalas o robas un beso entre semana. 
Además yo soy una alma libre, recuerda, Janis Joplin.
- Pásame el mechero se me ha apagado.
Ya sabes que no creo en figuras como la de John Lennon y Yoko Ono. Prefiero ser como Marilyn y tener amantes clandestinos. Me gusta lo clandestino, lo prohibido, lo furtivo, lo diferente, lo que una nunca espera.
Me gusta que me devoren a la  vuelta de la esquina, que me coman con una mirada. Y todo esto es porqué si me dan azúcar me volveré una drogadicta en toda regla y no tengo dinero ni lágrimas para pagarme una clínica de desintoxicación y un odontólogo.
No me gusta el azúcar, de hecho no lo tomo ni con el café, me empalaga. Sin embargo el chocolate, ¡Buff el chocolate!, el manjar de los dioses, eso me lleva a otra dimensión, a la fábrica de Charlie y...Entonces... ¿Qué hago?, ¿Escribo un anuncio en el periódico para que me regalen bombones a menudo?. Los aburrecería también. Así que muy a mi pesar haré lo que un día me dijo la sabia mujer que me dió la vida: dosificarlo. 
Bueno hablando en plata, me asustan los besos, el azúcar, las mariposas, el chocolate, las caricias, las miradas de ojos nuevos, como esos ojos por los cuales Bécquer enloqueció. Pero menos mal que esto no es el Romanticismo y que no comparto tertulias con Larra, Espronceda y Víctor Hugo, en "Els Quatre Gats", por ejemplo. Sinó me arrojaría por un acantilado como alguno de ellos. Y lamentablemente lo más cercano que tengo aquí para arrojarme no es otra cosa que el río Besós. Y lo único que podrían encontar allí al desintegrarme son mis labios pintados con taker. Ya sabes siempre rojos. Rojo pasión, locura, desenfreno, sexo... Y no quiero que nadie posea o coleccione mis labios, sólamente quiero que los rocen de paso o de tanto en tanto. 
Y como diría mi buen amigo: Quizás el problema de los donetes y de la pantera rosa es que siempre has probado la bollería industrial. Así que quizás un día encuentres un buen croissant artesano que te alimente de verdad.
¿Seguimos fumando?".

Y de regalo te dejo este temazo!!! http://www.youtube.com/watch?v=N9oq_IskRIg


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