martes, 13 de diciembre de 2011

Un paseo por la Gran Vía . . .*

Mientras disfruta de este sol radiante que hace cerca de las 11:00 de la mañana en el Retiro, se dedica a leer las últimas páginas de "Si tu me dices ven lo dejo todo pero dime ven", de Albert Espinosa. 
Són las 12:08h, terminó el libro, y le apetece tumbarse en el césped. La morriña se apodera de ella y empieza a caer en un sueño profundo en la cual la Gran Vía es la protaginista.
Sábado 17 de Diciembre, 22:00h la Gran Vía está repleta de gente. Gente que sale de trabajar, gente que va a cenar, gente con bolsas y a lo lejos una inmesa cola justo en la esquina de un teatro muy conocido de la capital. 
Daniela salió del trabajo cansada, con los pies hinchados. Una tarde más un tsunami pasó por la tienda.
Mientras intentaba avanzar por medio de la multitud haciendo "S", imaginó que por un momento la protagonista del cartel del Gran Balet era ella.
Soñaba que encima del escenario deleitaba al público con sus: Pliés, pas de deux, arabesques, fouettés, battements, balancés, coupés, cambrés y pirouettes. El balet, la danza clássica, acompañamientos con el piano, disciplina, sus dedos sangrando de vez en cuando debido a las zapatillas de puntas, el equilibrio que conseguia en cada una de sus clases...
Volaba, se transportaba a otra realidad al compás de melodías de Chopin, Vivaldi, Txaikovsky, Grieg o Pachelbel. 
Recuerda que al empezar a escuchar la música se sentía como una alma libre, la cual quería mostrar a su público la pasión, la garra, la emoción que recorría ese arte por sus venas. Su vello se erizaba, sus pasos parecían ligeros, a pesar de la dificultad y del sacrificio que comportaban, sus brazos largos le hacían sentir como si estuviera volando.
La función terminaba y saludaba a su público de forma digna de una bailarina. Los aplausos le hacían sentir verdaderos escalofríos, se sentía como en la víspera de los Reyes Magos: nerviosa, impaciente, emocionada, alegre.... Sus ojos se convertían en una espécie de lago, un lago mágico, una gota del agua de ese lago brotaba por su rostro de felicidad. 
Ringggg, Ringgg, la blackberry suena y en la pantalla aparece su nombre, es él. Daniela despertó, se dió cuenta que todo fue un sueño. Y de vuelta a la realidad creyó conveniente que lo mejor sería rechazar la llamada. Se encendió un cigarrillo y susurró: Como bien diría Calderón de la Barca: "La vida es sueño, y los sueños sueños son".

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